Crónica de Quique González en el Teatro Carrión

Posteado el 18. abr, 2010 por bydiox en Crónicas, General

De todos los conciertos que forman el ciclo Valladolid vive la música de este año, probablemente uno de los que más interesaban al público joven fue el que tuvimos la oportunidad de ver el pasado viernes en el Teatro Carrión: el concierto de Quique González presentando su último trabajo, Daiquiri blues (el octavo ya).

A las 21:41 los acordes de ‘Daiquiri blues’ dieron comienzo al concierto entre el humo y una luz roja que inundaba el escenario del teatro. Y un público atento y entregado empezó a dar palmas desde la primera canción. Y al acabar un letrero de neón rosa y azul que contenía las palabras del último trabajo del madrileño se iluminó en el escenario, trasladándonos a un bar de carretera en el que, mientras nos terminamos la copa, un tipo con una guitarra canta sus canciones. Y sin decir ni una palabra encadenó con ‘Cuando estés en vena’, otro de los temas de su último trabajo.

Y decenas de voces gritando eso de ¡guapo!, mientras él intentaba decir algo para presentarse, pero después de más de diez años sobre los escenarios no necesita presentación. Es probable que en estos dos últimos años se encuentre en el mejor momento de su carrera, llenando teatros y auditorios, vendiendo discos y olvidando un poco esa etapa de garitos de mala muerte y conciertos acústicos -esos de tú a tú que cuando miras atrás se echan de menos-. Y siguió con ‘Avería y redención’, ‘Me agarraste’ y ‘Hasta que todo encaje’.

Daiquiri blues lleva un par de meses a la venta y por ello tal vez se esperaría que fuera el más desconocido para el público, pero las palmas y coros demostraron que los estribillos siguen teniendo la fuerza suficiente para quedarse en la memoria, al igual que sucedía años atrás con los viejos temas. Y la práctica totalidad de las entradas vendidas hizo que el Teatro Carrión estuviera abarrotado, lleno de un público joven, aunque heterogéneo. Apenas un par de sitios vacíos aquí y allá (tal vez a causa de un olvido, por una urgencia).

Y suena esa que dice “Yo lo que quería era seguir soñando / con mujeres desnudas que van al trabajo / en autobuses rojos” (‘Pájaros mojados’) justo antes de decir que va a interpretar una de su tercer disco, pero una voz le corrige y le dice que no, que pertenece al cuarto y Quique sonríe “es el único que tengo pirata”. Y ‘Kamikazes enamorados’ inunda el teatro (“Como kamikazes enamorados / como pistoleros de sangre caliente /  juégatela un poco, valiente”).

Un hombre muy serio de camisa azul decide abandonar el recinto justo antes de ‘Polvo en el aire’, tal vez sea la excepción que confirme que al resto de los que allí estábamos nos estaba pareciendo un concierto mágico. Y Quique confiesa que hace mucho que no la tocan, pero una voz desgarrada y un armónica nos hace pensar en que por qué no la tocan más a menudo. Y tímidos aplausos al comenzar con una pequeña variación del estribillo al decir “Tenemos algo pendiente / un polvo en el aire / un polvo en el aire”. Un mágico polvo en el aire le da a la canción, sin duda, una interpretación totalmente diferente.

Llega el momento de presentar a la banda que le acompaña en esta gira, pues ya no podemos decir eso de La Aristocracia de Barrio, ahora le arropan David Soler Javi Pedreira (guitarra y steel), Julián Maeso (teclados y guitarra), Jacob Reguilón (bajo) y Toni Jurado (batería). Y Quique deja su guitarra y se pone al piano (al parecer un nuevo piano, no el mítico que le ha acompañado durante tanto tiempo) para interpretar ‘Pequeño rock and roll’ y hacer que el público grite eso de “Quién te espera en una habitación de hotel”.

Y el concierto sigue con ‘Deslumbrado’, ‘Suave es la noche’ y ‘Lo voy a derribar’, hasta el momento en que Karlos Arancegui se subió al escenario y a Quique le tocó explicar el motivo por el que estaba allí. Y lo que sucedió fue que debido al famoso volcán islandés la mitad de la banda casi no llega a Valladolid, así que tuvieron que coger un tren hasta Bayona y luego en la Partner de Karlos hasta Valladolid. Parece que la naturaleza tuvo clemencia. Y las buenas canciones no dejaron de sonar en la noche pucelana: ‘La cajita de música’, ’1956′, ‘Nadie podrá con nosotros’.

Uno de los momentos de la noche fue cuando interpretó ‘Crece la hierba’ (de Salitre 48), una de sus viejas canciones, mientras Quique bromea con que “aún no están viejas”, a la que siguió ‘Te lo dije’ y una serie de canciones con un punto un poco más rockero en su versión en directo, para animar a un público que si no hubiera estado sentado en unas butacas estaría gritando y saltando (‘Restos de stock’, ‘No hay partida’). Y con el sonido de la guitarra aún en el cuerpo la banda deja el escenario, la luz se apaga y únicamente queda el neón rosa y azul iluminando las siluetas de unos instrumentos vacíos. El reloj marca casi las 23:15 pero el público no está cansado todavía, silvidos y gritos, algún tímido Quique, Quique… y finalmente todo el público se suma en una serie de aplausos y golpes con los pies que convierte al Teatro Carrión en un león que ruge pidiendo más y más música. Y sale un solitario Quique González y el público comienza a pedir esos “temas clásicos” que todos esperan que toque esa noche, a lo que él contesta con un “Últimamente dejo que la persona que esté en la butaca 7 de la fila 7 escoja canción”, pero parece que dicha persona no se da por aludida, un momento de silencio y voz y guitarra empiezan a interpretar ‘Rompeolas’, otra de las canciones más queridas por el público.

La banda sale de nuevo para interpretar un tema que compuso junto a César Pop, ‘Riesgo y altura’, que canta micrófono en mano, dejando a un lado ese pie que parece que molesta para cantar una de las más sentidas canciones de Daiquiri blues. Y acto seguido interpreta ‘De haberlo sabido’ y ‘Salitre’, dos de los temas de Salitre 48 y vuelve a bromear diciendo que le parece curioso que sea el disco preferido de la gente, porque estuvo dos años intentando publicar el disco y nadie lo quería. Cosas del destino, tal vez.

La banda se despide y abandona otra vez el escenario, pero el público no quiere irse todavía -es demasiado pronto, dicen algunos-, a pesar de las casi dos horas de concierto. Y vuelven a salir para interpretar las últimas canciones -ahora sí-: ‘Su día libre’, ‘La luna debajo del brazo’ y ‘Vidas cruzadas’. La última canción con las luces encendidas y el público ya de pie, algo que empiezan a hacer muchos artistas en los últimos años y es que aunque sean conscientes de las limitaciones de un teatro o auditorio, la última canción (o últimas) es un buen momento para ver cara a cara a toda esa gente que ha venido a verte y además así permitir que el público acabe con un buen sabor de boca saltando y gritando.

Dos horas y diez minutos de un buen concierto de presentación de lo último del madrileño, 27 canciones que retratan muy bien la evolución de toda su carrera, aunque tal vez la elección del setlist fue en algunos momentos algo aburrida (enganchando varias canciones lentas y del último trabajo) aunque también hay que comprender que a estas alturas no se pueden tocar siempre las canciones míticas (para eso realizó la gira 10 aniversario hace un par de años). Ojalá le volvamos a ver pronto por aquí, ya que Valladolid tiene desde aquel primer concierto en Asklepios un hueco reservado para su guitarra.

Fotografías: juanignaciosl (set del concierto aquí)

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