Crítica de La última mirada del Che Guevara, en el Teatro Zorrilla

Posteado el 19. Abr, 2010 por Christian Supiot en General, Teatro, Teatro Zorrilla, Valladolid

El pasado jueves 15 de Abril, el Teatro Zorrilla acogía la primera de las dos sesiones programadas de La última mirada del Che Guevara, protagonizada por Pablo Montenegro y dirigida por Antonio García Molina.

La última mirada del Che Guevara es un intenso monólogo en el que Pablo Montenegro lleva al espectador, durante hora y media, a un estado de angustia casi permanente: los constantes accesos de tos, la respiración dolorosa de un cuerpo atacado de asma y bronquitis crónicas, la herida de la pierna… Montenegro mantiene al espectador agobiado por la figura de un hombre en las últimas, casi agónico, que se arrastra por el escenario sin parar de hablar, prácticamente hundido en un delirio.

El monólogo elabora un discurso de ficción en el que el propio Che Guevara reflexiona entorno a los últimos momentos que le quedan a través de un texto en el que se intercalan las propias palabras del revolucionario extraídas de los diversos documentos que se conservan de él (cartas, diarios y manifiestos).

Especialmente interesante es la forma en la que se trata la importancia del momento histórico de la muerte del Che. Dejando a un lado la postura tomada por los autores, el discurso entorno a los dos posibles desenlaces de aquel instante entronca con las tesis de la historia virtual: el olvido de un revolucionario capturado o el engrandecimiento de un mártir asesinado.

En conjunto una obra altamente recomendable y que no se limita a dar, como en otras ocasiones sucede con figuras tan controvertidas, una única visión del personaje, permitiendo que el espectador se haga una idea de los hechos que hacen del revolucionario argentino un tema tan atrayente; con sus miserias y sus éxitos, con sus sombras y con sus luces.

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Una Respuesta para “Crítica de La última mirada del Che Guevara, en el Teatro Zorrilla”

  1. Pete

    10. Jun, 2010

    No vi el intenso monólogo. Vi un derroche de energía actoral mal canalizada en una interpretación sobreactuadísima, repetitiva, cargante… El agobio del espectador no viene dado por la representación de la enfermedad, sino por el tedio en representarla. El texto es un monólogo-panegírico lleno de lugares comunes. Recomendada sólo si se es un incondicional de esas ideas o de la exageración interpretativa. Al resto le aburrirá.

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